Los mosaicos cósmicos soviéticos son los murales de esmalte de vidrio y cerámica que revistieron los Palacios de la Cultura, las estaciones de metro y el pabellón Cosmos del VDNKh tras el vuelo de Gagarin en 1961. Teselas de un azul cósmico profundo forman el vacío del espacio detrás de un cosmonauta heroico, con banderas de un rojo intenso, estrellas doradas y trajes plateados engastados en juntas grises.
La estética es realista-socialista: monumental en escala, construida sobre diagonales rígidas y solemne hasta rozar la reverencia. Cada superficie está facetada: la luz atrapa el vidrio astillado, las líneas de junta guían la mirada, y órbitas radiantes enmarcan la figura como un halo secular.