El lapislázuli de las minas de Sar-e-Sang, en el valle de Kokcha de Afganistán, es una piedra de azul ultramar profundo —un cuerpo de lazurita salpicado de pirita dorada y recorrido por vetas de calcita blanca. Molido hasta convertirse en polvo, se transformaba en ultramar, el azul más preciado de los manuscritos renacentistas.
Este sistema trata la pantalla como si fuera la propia piedra: un fondo azul intenso y saturado, motas de pirita dorada como acento, y vetas de calcita como ornamento. Las serifas de inscripción llevan consigo la memoria de la página iluminada.